jueves, 13 de enero de 2011

Theophile Gautier: Viajero romántico en Ronda


- UN CUERPO SIN ALMA ES COMO UN MUNDO SIN LIBROS -
VIAJE POR ESPAÑA
TEÓFILO GAUTIER
Sinopsis: Elda Ruíz Flores* 
Teófilo Gautier fue escritor, poeta y crítico nacido en Francia en el año de 1811. Famoso sobre todo por sus frases y pensamientos como: “Nacer es solamente comenzar a vivir”, “El verdadero paraíso no está en el cielo, sino en la boca de la mujer amada”, “Cada hora hiere, la última acaba con nosotros”, y su novela más famosa fue “La Momia”, Gautier fallece en su país natal en 1872.

Viaje por España es una obra injustamente censurada por algunos obtusos y lerdos patrioteros, sin embargo a mi apreciación es una acertada y amenísima descripción de la España y de la vida española de 1840.
El viaje al que se refiere, partiendo de París y pasando por Chateau-Regnault, Tours Angulema, Burdeos y Bayona, comprende aparte pueblos sin importancia, Victoria, Burgos, Valladolid, Madrid, el escorial, Toledo, Granada, Córdova, Sevilla y Cádiz, con breves visitas a Jerez, Cartagena, Gibraltar, Valencia y Barcelona, y está relatado por Gautier en animadas páginas, que constituyen el cuadro vivo y palpitante, modelo de perspicaz  observación y poquísimas  veces oscurecido por perjuicios.
Contiene fragmentos descriptivos –como, entre otros muchos, referentes a las catedrales de Burgos, Toledo y Córdova- sencillamente admirables; comentarios pictóricos-tales los dedicados al Greco, Goya y Murillo- que acusan un conocedor tan de primera fila como se adelanta a todos los críticos juzgando a Teotocopuli y acusa, bien a las claras, profundos conocimientos en la materia; y, en fin, glosas certeras  que saltan a cada paso y paginas de pura belleza que hacen interesantísima e inolvidable la lectura de la obra. Ésta se haya integrada por un conjunto de cartas  o artículos periodísticos enviados por Gautier  a París durante el viaje.
Muchos de los conceptos  que quizá han inclinado a algunos al menosprecio  del delicioso libro no tendría  conveniente en suscribirlos  y otros,  si no pueden ser aceptados sin reservas, tampoco merecen considerarse  como insultos. Tales, por ejemplo, los siguientes: “una constitución  sobre España es una pellada de yeso sobre granito”. “En general, los españoles… presumen que han sido calumniados por Hugo, por Mérimée y, en general, por todos los que han escrito por España; calumniados.
Sí; pero… embellecidos.” La España meridional necesita la civilización  árabe y no la europea, que no está en relación con el ardor del clima y con las pasiones que inspira. El mecanismo constitucional no conviene más que las zonas templadas; con más de treinta grados de temperatura, las constituciones que funden o estallan.” ”Por mi parte siempre he lamentado mucho que los moros no hayan continuado siendo los dueños de España, la cual, ciertamente, no ha hecho más que perder con su expulsión.”
Que Gautier no reverá ni falsamente a los españoles lo demuestran frases como esta:”no me he dado apenas cuenta de la seriedad de los españoles; no hay nada más engañador que las reputaciones que se hacen a los individuos y a los pueblos. Por el contrario, los he encontrado sencillos y de una bondad extrema; España es el verdadero país de la igualdad, si no en palabras, por lo menos en obras.” Como ejemplo de crítica contundente en pocas palabras, apunto este párrafo, que reputo acertadísimo, aunque estoy muy lejos de compartir el juicio que contiene: “en mi alma y en mi conciencia, no puedo menos que juzgar .El escorial como monumento mas abrumador y mas triste que puedan soñar, para mortificación de sus semejantes, un fraile lúgubre y un tirano suspicaz.”
Tiene verdadera gracia la definición que da Gautier del garbanzo: un guisante que ambiciona ser una habichuela y, felizmente, lo consigue.”
En fin, son dignos de recuerdo algunos  de los varios apóstrofes que dedica a los vándalos copiadores de los revolucionarios franceses en sus afanes destructores, de los que transcribo estos renglones: “degollaos los unos a los otros por vuestras ideas, abonad con vuestros cuerpos los empobrecidos campos asolados por la guerra; pero la piedra, el mármol, el bronce en que puso su mano el genio son sagrados  y debéis respetarlos. Dentro de dos mil años nadie se acordará de vuestras luchas civiles, y el porvenir solo sabrá que fuisteis un gran pueblo por algunos fragmentos maravillosos encontrados entre escombros.” “Estas devastaciones inútiles entristecen y hacen dudar de la inteligencia humana. ¿Qué daño hacen las piedras viejas a las ideas nuevas? ¿No se puede hacer una revolución sin destruir lo pasado?”
De tal modo impresionó  a Gautier su visita a España que al regresar de su país después de seis meses de ausencia escribe: “al poner el pie en el suelo patrio sentí humedecerse mis ojos, y no de alegría, si no de pena. Las torres bermejas, las cumbres de plata de sierra nevada, las adelfas del generalife, las largas miradas de terciopelo húmedo, los labios de clavel en flor, los pies pequeños y las manos leves, todo esto acudió a mi imaginación tan vivamente, que me pareció que está en Francia, en la que, sin embargo, iba a encontrar a mi madre era para mi un destierro. El sueño había terminado”.Y así acaba el bello libro, en el que ni siquiera  se halla una palabra de condenación para la repugnante  y embrutecedora salvajada llamada “fiesta nacional”, de la que Gautier con la gran sorpresa  y desencanto por mi parte, se muestra ardientemente entusiasmado.

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