Otros mundos de ficción

Otros mundos de ficción
“Mi soledad es mía… tu soledad es de alguien más. Hecha por otra persona y entregada a ti. ¿No es eso interesante? Una soledad de segunda mano”.

lunes, 31 de enero de 2011

Es prudente no fiarse por entero de quienes nos han engañado una vez.

                           RENÉ DESCARTES (1888-1959)Escritor estadounidense de novela policiaca.




 
El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto.
                  
                         CHARLES CHAPLIN (1889-1977) Actor y director británico.
 
 
Es tan corto el amor y tan largo el olvido.
 
                         PABLO NERUDA (1904-1973) Poeta chileno.
 
 
Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.
 
                         ALEXEI TOLSTOI (1882-1945) Novelista soviético
Es prudente no fiarse por entero de quienes nos han engañado una vez.
                                        
                                                                 

viernes, 28 de enero de 2011

R. Tagore. Textos


Amor
     He besado con mis ojos y con mi tacto la adorable superficie de este mundo. Y, como un velo bordado de árboles y pájaros, lo he plegado sobre mi corazón. Y tantos pensamientos y sentimientos he vertido en sus días y en sus noches que mi vida y el mundo se han fundido y son ya una sola sustancia amorosa.  Y amo mi vida porque amo la claridad del cielo que toda está en mí. 
    Abandonar este mundo es una realidad tan poderosa como amarlo. Mas si este amor hubiera de ser engañado y burlado por la muerte, el gusano de una desilusión semejante roería todas las cosas y hasta las estrellas, extinguidas, se derrumbarían en ceniza.

   Y cuando toco el sitio de mi corazón estoy tocando el mundo y el amor inmortales!
* * * * *
El poeta
   El alma del poeta danza y delira sobre la ola de la vida, entre el clamor de vientos y mareas.
   Y cuando el sol esconde su frente y el cielo entristecido cae sobre el mar como los párpados sobre los ojos fatigados, el poeta, dejando su pluma y con la cabeza en la mano, deja huir su pensamiento hacia el abismo del silencio, hacia la niebla del eterno secreto.
*******

El que espera
   He aquí que ésta es mi sola delicia: esperar y esperar a la orilla del camino, en donde la sombra persigue a la luz y la lluvia viene andando sobre las huellas del verano.
   Los mensajeros, con las nuevas y el aire de otros cielos pasan veloces, me saludan y se apresuran a lo largo del camino. Mi corazón se desborda de júbilo y es dulce el hálito de la brisa volandera.
   Del alba al crepúsculo estoy en mi puerta: sé que de repente vendrá el dichoso instante en que veré.
   Entre tanto sonrío y canto, solitario. Entre tanto por el aire se expande el perfume de la promesa.
* * * * *
La carta
1. Al despertar encontraba su mensaje en la mano de la mañana.
    Como no aprendí a leer no sé lo que me diría.
    Siga el sabio entre sus libros. Nada le preguntaré.
    Y, ¿acaso el sabio podría comprenderlo?

2. Llevaré la carta a mi frente y luego la apretaré contra mi corazón.
    Cuando llegue la noche y asomen las estrellas una a una, la abriré
sobre mis rodillas, la miraré, cerraré los ojos y me quedaré silencioso.
   Las hojas, entre luna y secreteo, me la leerán con su fina voz; el río pasará tarareando la letra de mi carta; y las siete estrellas del conocimiento me la cantará por los cielos.
   Sin embargo, no encuentro exactamente lo que busco; no comprendo bien lo que quisiera aprender; pero este mensaje que no he sabido descifrar me hace dulce y alegre la jornada y mi pensamiento se ha trocado en melodía.
*******

El astrónomo
Rabindranath Tagore

-¡Oh, si pudiéramos coger la luna, al anochecer, cuando es completamente redonda y se engancha en las ramas del cadabo! -no dije más que eso.
Pero Dadá, mi hermano mayor, se burló de mí:
-No he conocido a nadie tan tonto como tú. La luna está muy lejos, ¿cómo podríamos cogerla?
Yo dije:
-¡El tonto eres tú, Dadá! Cuando, desde la ventana, Mamá mira cómo jugamos en el patio y nos sonríe, ¿te parece que está muy lejos?
Pero Dadá replicó:
-Pobre ignorante, ¿dónde encontraríamos una red bastante grande para coger la luna?
Yo dije:
-Podrías cogerla perfectamente con las manos.
Dadá se echó a reír y me dijo:
-¡Nunca vi un niño tan simple! ¡Si la luna se acercara, ya me dirías tú si es grande o no!
Yo dije:
-Dadá, ¡qué barbaridades te enseñan en la escuela! Cuando Mamá se inclina para besarnos, ¿te parece que su cara es muy grande?
Pero Dadá repite:
-Eres un pobre tonto.
FIN



150 años del nacimiento de Tagore

http://amediavoz.com/tagore.htm

Reseña biográfica
R. Tagore
Poeta, filósofo y pintor indio nacido en Calcuta en 1861.
Hijo de un líder Brahmo Samaj, fue el menor de catorce hermanos. Recibió la educación básica en casa donde existió un gran ambiente intelectual.
A los diecisiete años fue enviado a Inglaterra para completar su educación; sin embargo, interrumpió los estudios cuando asistía a University College de Londres y regresó a su país para matricularse en escuela experimental en Shantiniketan. La primera parte de su obra está contenida en "Carta de un viajero en Europa" 1881, "Canciones del atardecer" 1882 y "El despertar de la fuente" 1882. Después de su matrimonio en 1883, continuó su larga carrera literaria, destacándose especialmente como poeta, con obras como"Gitanjali" 1912, "El Jardinero" 1913, "Luna Creciente" 1913, "Punashcha"1932, "Shes Saptak" 1935, y "Patraput" 1936.
En 1912 regresó a Londres, en 1913 recibió el Premio Nobel de Literatura y en 1915 fue nombrado  Caballero por el Rey Jorge V.
Falleció el 7 de agosto de 1941.     ©

martes, 18 de enero de 2011

Libros más vendidos mes de diciembre de 2010

FICCIÓN

Nº DE ORDEN
TÍTULO
AUTOR
1
El cementerio de Praga
Umberto Eco
2
La caída de los gigantes
Kent Follett
3
Riña de gatos
Eduardo Mendoza
4
El tiempo entre costuras
María Dueñas
5
El sueño del celta
Mario Vargas Llosa


 NO FICCIÓN

Nº DE ORDEN
TÍTULO
AUTOR
1
Los días de gloria
Mario Conde
2
María, la Brava
Pilar Eyre
3
Divas rebeldes
Cristina Morató
4
Ortografía de la lengua española
VV.AA
5
Aquí un humilde speaker
Pepe Reina



jueves, 13 de enero de 2011

Ernest Hemingway/ a 50 años de su muerte.

 Ernest Hemingway

       (EEUU, 1899-1961)
Hemingway
  Novelista estadounidense cuyo estilo se caracteriza por los diálogos nítidos y lacónicos y por la descripción emocional sugerida. Su vida y su obra ejercieron una gran influencia en los escritores estadounidenses de la época. Muchas de sus obras están consideradas como clásicos de la literatura en lengua inglesa. Hemingway nació el 21 de julio de 1899 en Oak Park, Illinois, en cuyo instituto estudió. Trabajó como reportero del Kansas City Star, pero a los pocos meses se alistó como voluntario para conducir ambulancias en Italia durante la I Guerra Mundial. Más tarde fue transferido al ejército italiano resultando herido de gravedad. Después de la guerra fue corresponsal del Toronto Star hasta que se marchó a vivir a París, donde los escritores exiliados Ezra Pound y Gertrude Stein le animaron a escribir obras literarias. A partir de 1927 pasó largas temporadas en Key West, Florida, en España y en África. Volvió a España, durante la Guerra Civil, como corresponsal de guerra, cargo que también desempeñó en la II Guerra Mundial. Más tarde fue reportero del primer Ejército de Estados Unidos. Aunque no era soldado, participó en varias batallas. Después de la guerra, Hemingway se estableció en Cuba, cerca de La Habana, y en 1958 en Ketchum, Idaho. Hemingway utilizó sus experiencias de pescador, cazador y aficionado a las corridas de toros en sus obras. Su vida aventurera le llevó varias veces a las puertas de la muerte: en la Guerra Civil española cuando estallaron bombas en la habitación de su hotel, en la II Guerra Mundial al chocar con un taxi durante los apagones de guerra, y en 1954 cuando su avión se estrelló en África. Murió en Ketchum el 2 de julio de 1961, disparándose un tiro con una escopeta. 

Wladyslaw Szpilman

Władysław “Władek” Szpilman (Sosnowiec, Polonia, 5 de diciembre de 1911 – Varsovia, Polonia, 6 de julio de 2000) fue un pianistapolaco, compositor, memorista y sobreviviente judío del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial. Szpilman fue condecorado por el gobierno de Polonia.

Śmierć Miasta, ("Muerte de una ciudad")

En 1945, poco después del fin de la guerra, escribió un relato de su supervivencia en Varsovia. El libro de carácter autobiográfico fue publicado en Polonia, bajo el título Śmierć Miasta ("Muerte de una ciudad"), y fuertemente censurado por las autoridades comunistas de entonces, que no gustaban de sus perspectivas sobre la guerra: el número de copias impresas fue reducido.
Las memorias de Szpilman no fueron reimpresas sino 50 años después, en 1998, año en que fueron publicadas en inglés (y muchas otras lenguas). En España el libro llegó en el año 2000

Theophile Gautier: Viajero romántico en Ronda


- UN CUERPO SIN ALMA ES COMO UN MUNDO SIN LIBROS -
VIAJE POR ESPAÑA
TEÓFILO GAUTIER
Sinopsis: Elda Ruíz Flores* 
Teófilo Gautier fue escritor, poeta y crítico nacido en Francia en el año de 1811. Famoso sobre todo por sus frases y pensamientos como: “Nacer es solamente comenzar a vivir”, “El verdadero paraíso no está en el cielo, sino en la boca de la mujer amada”, “Cada hora hiere, la última acaba con nosotros”, y su novela más famosa fue “La Momia”, Gautier fallece en su país natal en 1872.

Viaje por España es una obra injustamente censurada por algunos obtusos y lerdos patrioteros, sin embargo a mi apreciación es una acertada y amenísima descripción de la España y de la vida española de 1840.
El viaje al que se refiere, partiendo de París y pasando por Chateau-Regnault, Tours Angulema, Burdeos y Bayona, comprende aparte pueblos sin importancia, Victoria, Burgos, Valladolid, Madrid, el escorial, Toledo, Granada, Córdova, Sevilla y Cádiz, con breves visitas a Jerez, Cartagena, Gibraltar, Valencia y Barcelona, y está relatado por Gautier en animadas páginas, que constituyen el cuadro vivo y palpitante, modelo de perspicaz  observación y poquísimas  veces oscurecido por perjuicios.
Contiene fragmentos descriptivos –como, entre otros muchos, referentes a las catedrales de Burgos, Toledo y Córdova- sencillamente admirables; comentarios pictóricos-tales los dedicados al Greco, Goya y Murillo- que acusan un conocedor tan de primera fila como se adelanta a todos los críticos juzgando a Teotocopuli y acusa, bien a las claras, profundos conocimientos en la materia; y, en fin, glosas certeras  que saltan a cada paso y paginas de pura belleza que hacen interesantísima e inolvidable la lectura de la obra. Ésta se haya integrada por un conjunto de cartas  o artículos periodísticos enviados por Gautier  a París durante el viaje.
Muchos de los conceptos  que quizá han inclinado a algunos al menosprecio  del delicioso libro no tendría  conveniente en suscribirlos  y otros,  si no pueden ser aceptados sin reservas, tampoco merecen considerarse  como insultos. Tales, por ejemplo, los siguientes: “una constitución  sobre España es una pellada de yeso sobre granito”. “En general, los españoles… presumen que han sido calumniados por Hugo, por Mérimée y, en general, por todos los que han escrito por España; calumniados.
Sí; pero… embellecidos.” La España meridional necesita la civilización  árabe y no la europea, que no está en relación con el ardor del clima y con las pasiones que inspira. El mecanismo constitucional no conviene más que las zonas templadas; con más de treinta grados de temperatura, las constituciones que funden o estallan.” ”Por mi parte siempre he lamentado mucho que los moros no hayan continuado siendo los dueños de España, la cual, ciertamente, no ha hecho más que perder con su expulsión.”
Que Gautier no reverá ni falsamente a los españoles lo demuestran frases como esta:”no me he dado apenas cuenta de la seriedad de los españoles; no hay nada más engañador que las reputaciones que se hacen a los individuos y a los pueblos. Por el contrario, los he encontrado sencillos y de una bondad extrema; España es el verdadero país de la igualdad, si no en palabras, por lo menos en obras.” Como ejemplo de crítica contundente en pocas palabras, apunto este párrafo, que reputo acertadísimo, aunque estoy muy lejos de compartir el juicio que contiene: “en mi alma y en mi conciencia, no puedo menos que juzgar .El escorial como monumento mas abrumador y mas triste que puedan soñar, para mortificación de sus semejantes, un fraile lúgubre y un tirano suspicaz.”
Tiene verdadera gracia la definición que da Gautier del garbanzo: un guisante que ambiciona ser una habichuela y, felizmente, lo consigue.”
En fin, son dignos de recuerdo algunos  de los varios apóstrofes que dedica a los vándalos copiadores de los revolucionarios franceses en sus afanes destructores, de los que transcribo estos renglones: “degollaos los unos a los otros por vuestras ideas, abonad con vuestros cuerpos los empobrecidos campos asolados por la guerra; pero la piedra, el mármol, el bronce en que puso su mano el genio son sagrados  y debéis respetarlos. Dentro de dos mil años nadie se acordará de vuestras luchas civiles, y el porvenir solo sabrá que fuisteis un gran pueblo por algunos fragmentos maravillosos encontrados entre escombros.” “Estas devastaciones inútiles entristecen y hacen dudar de la inteligencia humana. ¿Qué daño hacen las piedras viejas a las ideas nuevas? ¿No se puede hacer una revolución sin destruir lo pasado?”
De tal modo impresionó  a Gautier su visita a España que al regresar de su país después de seis meses de ausencia escribe: “al poner el pie en el suelo patrio sentí humedecerse mis ojos, y no de alegría, si no de pena. Las torres bermejas, las cumbres de plata de sierra nevada, las adelfas del generalife, las largas miradas de terciopelo húmedo, los labios de clavel en flor, los pies pequeños y las manos leves, todo esto acudió a mi imaginación tan vivamente, que me pareció que está en Francia, en la que, sin embargo, iba a encontrar a mi madre era para mi un destierro. El sueño había terminado”.Y así acaba el bello libro, en el que ni siquiera  se halla una palabra de condenación para la repugnante  y embrutecedora salvajada llamada “fiesta nacional”, de la que Gautier con la gran sorpresa  y desencanto por mi parte, se muestra ardientemente entusiasmado.

William Golding





(William Gerald Golding; Saint Columb Minor, 1911 - Perranarworthal, 1993). Narrador y ensayista británico, premio Nobel de Literatura en 1983. Golding es el novelista alegórico por excelencia que intenta mostrar las dificultades -a veces la imposibilidad- que encuentra el hombre moderno para cumplir las normas elementales de la ley natural.


Recibió durante su infancia y juventud una sólida formación humanista y literaria que lo influyó para los temas posteriores de sus novelas. En 1935, cuando ya era profesor de la Bishop Wandsworths School, en Salisbury, publicó un correcto volumen de poemas. Estudió en la Universidad de Oxford, se alistó en la Marina durante la Segunda Guerra Mundial, participó en el desembarco de Normandía y terminada la contienda se dedicó más seriamente a la literatura.


Publicó su primera novela en 1954, El señor de las moscas, una de las novelas más populares de la literatura inglesa contemporánea, que tuvo un gran éxito y fue considerada inmediatamente como una de las alegorías más extraordinarias de la narrativa contemporánea. En ella se cuenta la historia de un grupo de niños, que a raíz de un accidente de aviación donde murieron todos los adultos, desembarcan en una isla desierta.


La novela va describiendo la gradual conversión de los escolares, desde un estado casi adánico de primitiva inocencia, hasta la instrumentación más refinada del Mal. Los niños van creando una sociedad a su propio estilo y terminan en una organización tiránica y perversa regida por los más fuertes. La alegoría dibuja pacientemente dicha conversión, que ocurre desde los valores civilizados occidentales hasta la degradación tribal más abyecta.

Robert Payne


Pierre Stephen Robert Payne (4 de diciembre de 1911 – 3 de marzo de 1983), fue un novelista, historiador, poeta y biógrafo.
Nacido en Cornwall, era hijo de un arquitecto naval inglés y una madre francesa. Trabajó como constructor de barcos y después durante un tiempo con la Inland Revenue. En 1941 se convirtió en oficial de armamento y oficial jefe de camuflaje para la Inteligencia de la Armada Británica en Singapur.
En el verano de 1946, Payne viajó a China y visitó y entrevistó a Mao Zedong en Yenan. Durante la entrevista Mao prefijo correctamente que solo le tomaría un año y medio al las fuerzas comunistas conquistar china cuando el armisticio con el Chiang Kai-shek y sus seguidores estuviese roto.1
Payne publicó más de 110 libros, novelas, historias y biografías. Las biografías es lo que más conocido le hicieron, las cuales incluyen estudios de Charlie Chaplin, Greta Garbo, Hitler,Lenin, Stalin, Trotsky, Gandhi, Albert Schweitzer, Dostoyevski, Ivan el Terrible, Chiang Kai-shek, Mao Zedong, Sun Yat-sen, André Malraux, Shakespeare, Alejandro Magno, Los Rajás Blancos de Sarawak y George C. Marshall.
Como novelista, Payne usó los pseudónimos Richard Cargoe, John Anthony Devon, Howard Horne, Valentin Tikhonov, y Robert Young. En sus biografías, aparece como Robert Paynemás que como Pierre Stephen Robert Payne.

Álvaro Cunqueiro

Álvaro Cunqueiro Mora (Mondoñedo, 22 de diciembre de 1911 — Vigo, 28 de febrero de 1981) fue un novelista, poeta, dramaturgo, periodista y gastrónomo español, considerado uno de los grandes autores gallegos, tanto en gallego como en castellano.

El escritor que nos ocupa era un surrealista gallego (lo que le convierte en doblemente surrealista) y un burlón redomado. Cunqueiro nació el 22 de diciembre de 1911 en la ciudad episcopal de Mondoñedo, una villa donde el escritor escuchó por primera vez leyendas artúricas y carolingias y donde a comienzos del siglo XVIII era costumbre bautizar a los niños con nombres como Tristán y Lanzarote.
Su madre, Pepita Mora Moirón, era una mujer divertida que entretenía a los niños con cuentos y romances. Tan guasona era que gastaba unos apellidos muy chuscos. El padre de la criatura, Xoaquín Cunqueiro Montenegro, natural de Cambados, dirigía una farmacia en cuya rebotica se celebraban tertulias a la que asistían canónigos, médicos y cazadores, con la consecuente fascinación de Alvarito. Con esos genes, no es extraño que al pequeño le sedujera la química de la palabra. No hay nada mejor que vivir en una rebotica para aprender historias prodigiosas y escuchar lances amorosos, partos sobrenaturales y viajes alucinatorios. Experiencias así sólo se viven en una rebotica. Bueno, tienen razón, en un convento de monjas también. Pero en ningún sitio más.

Naguib Mahfuz

 Naguib Mahfuz

       (Egipto, 1911-2006)
Mahfuz
  Escritor egipcio, autor de relatos, novelas y guiones cinematográficos, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1988. Nació en El Cairo y estudió en la Universidad Rey Faruk I (hoy Universidad de El Cairo). Mahfuz, el menor de siete hijos de un funcionario de bajo rango, adquirió un profundo conocimiento de la literatura medieval y arábiga mientras aún estudiaba el bachillerato. Una vez en la universidad, donde estudió filosofía, comenzó a escribir artículos para revistas especializadas. Con el fin de perfeccionar su inglés, tradujo al árabe la obra de James Baikie El antiguo Egipto, en 1932. Terminados sus estudios comenzó a escribir ficción y publicó más de 80 relatos en el curso de los seis años siguientes. Su colección Susurro de locura apareció en 1938. Mientras trabajaba en el ministerio de Asuntos Religiosos, entre 1939 y 1954, publicó tres volúmenes de una proyectada serie de 40 novelas históricas ambientadas en el periodo faraónico. Posteriormente abandonó este proyecto y se dedicó a escribir novelas sobre temas sociales, al tiempo que escribió varios guiones para la industria cinematográfica de su país. En el clima de cambio político que siguió al derrocamiento de la monarquía egipcia en 1952, su Trilogía de El Cairo, formada por Entre dos palacios (1956), La azucarera (1956) y Palacio del deseo (1957), obtuvo un gran éxito. La novela El callejón de los milagros (1947), una de sus más conocidas, fue llevada al cine por el director mexicano Jorge Fons (1995) aunque la ambientó en el México actual. La película obtuvo el Premio Goya. En 1990 la obra repitió este éxito al ser traducida a otras lenguas europeas. Entre sus numerosas obras cabe destacar Chicos de Gebelawi (1959), El ladrón y los perros (1961) y Miramar (1967). A lo largo de su carrera Mahfuz experimentó con la técnica del monólogo interior y la literatura del absurdo. En 1988 recibió el Premio Nobel de Literatura. Fallece en un hospital de El Cairo el 30 de Agosto del 2006.

El traje del prisionero[Cuento. Texto completo]Naguib Mahfuz
El Buche, el cerillero, llegaba antes que nadie a la estación de al-Zagazig cuando iba a pasar el tren. Recorría los andenes incomparablemente ligero, ojeando a los clientes con sus ojos pequeños y expertos. Si alguien hubiese preguntado al Buche por su trabajo, el Buche habría echado pestes de él. Porque el Buche, como la mayoría de la gente, estaba harto de su vida, descontento con su suerte. Si hubiese sido dueño de elegir, hubiera preferido ser chofer de algún rico y vestir ropa de effendi y comer lo mismo que el bey y acompañarle a sitios selectos en todo tiempo, una manera de ganarse la vida que parecía diversión, placer. Tenía además otros motivos particulares y razones sutiles para desear un trabajo como aquel; lo deseaba desde un día en que vio cómo el Fino, el chofer de uno de los Importantes, paraba a la Nabawiyya, la criada del comisario, y la requebraba, descarado y seguro. Incluso, una vez, oyó que le decía frotándose las manos satisfecho: "Pronto vendré con el anillo..." Y vio que la joven sonreía con arrumaco mientras levantaba el borde de la milaya como si lo estuviese arreglando (lo que quería es que se viera su pelo negrísimo y abrillantinado). Vio aquello y el corazón se le inflamó y los celos lo mordieron dolorosamente; los ojos de ella eran sus dolores y sus enfermedades. La siguió a poca distancia y en una calleja le salió al paso aquí y allí e hizo volver a sus oídos lo que le había dicho el Fino: "Pronto vendré con el anillo". Pero ella torció la cabeza, frunció la frente y dijo desdeñosa: "Mejor cómprate unos zuecos". Y él se miró los pies como si fueran una sima de significados misteriosos, su galabeyya sucia, sutaqiyya mugrienta y se dijo: "Éste es el motivo de mi miseria y el ocaso de mi estrella", y envidió al Fino, su trabajo y su suerte... Sólo que estas esperanzas, en lugar de apartarle de su oficio le hacían enfrascarse en él con mayor afán y satisfacer sus esperanzas con sueños.
Aquella tarde subió a la estación con su caja a atender al tren del crepúsculo que todavía no era más que una nube de humo en el horizonte, pero que avanzaba, se acercaba. Ya se distinguían las distintas unidades y se percibía el estrépito; ya está parado junto a los andenes... Al lanzarse a los vagones vio el Buche con sorpresa que en las puertas había centinelas y que por las ventanillas asomaban caras extrañas con ojos ausentes, rotos. Preguntó y le enteraron de que eran prisioneros italianos que habían caído a montones en manos del enemigo y que les conducían a campos de concentración.
El Buche se quedó perplejo pasando los ojos por los rostros polvorientos, y luego le tomó la desilusión; cuando estuvo cierto de que aquellas caras pálidas, hundidas en la miseria y la necesidad difícilmente podrían saciar su ansia de cigarrillos... Se dio cuenta de que devoraban su caja y les repelió con una mirada irritada y desdeñosa. Pensaba darles la espalda y volver por donde había venido cuando oyó que una voz le gritaba en árabe con acento europeo: "cigarrillos". Le echó una mirada sorprendida y desconfiada, luego frotó el dedo índice con el pulgar: "¿hay dinero?". El soldado comprendió y contestó afirmativamente con la cabeza. El Buche se acercó cauteloso y se detuvo fuera del alcance de las manos del soldado, El soldado se quitó calmosamente la guerrera y le dijo mostrándosela: "Este es mi dinero". El Buche quedó deslumbrado y escudriñó la guerrera gris con botones dorados entre sorprendido y ávido. Le había ganado el corazón, pero como no era un cándido ni un palurdo disimuló lo que se había levantado en él para sacar ventaja de la avidez del italiano. Con estudiada parsimonia exhibió una cajetilla y extendió el brazo para recoger la chaqueta. El soldado frunció la frente y le gritó: "¿Una cajetilla por la guerrera?... ¡Diez!" El Buche dio un respingo y se echó para atrás; su deseo recedió. Iba a irse por otro lado, pero el soldado le gritó: "Una cosa razonable... nueve... ocho..." El Buche sacudió la cabeza negando tercamente. "Entonces, siete." Pero él sacudió la cabeza como antes y fingió que se iba. El soldado se dio por satisfecho con seis y luego bajó a cinco. El Buche hizo un gesto con la mano: nada que hacer. Se volvió hacia un banco y se sentó. El soldado le gritó enloquecido: "Ven... me conformo con cuatro..." Ni se dio por aludido, y para demostrar su falta de interés encendió un cigarrillo y se puso a fumar paladeándolo pausadamente. La desazón del soldado aumentó, se puso rabioso, parecía que el único fin de su existencia era conseguir cigarrillos. Bajó su demanda a tres, luego a dos. El Buche siguió sentado, dominando sus violentas ganas y su dolorosa impaciencia. Pero cuando el soldado hubo bajado a dos no pudo evitar un movimiento delator. El soldado, nada más verlo, extendió la mano con la guerrera: "Toma", y el Buche no tuvo más remedio que levantarse, acercarse al tren, recoger la guerrera y dar al soldado las dos cajetillas. Escudriñó la guerrera con ojos alegres y satisfechos y rompió sus labios una sonrisa triunfante. Dejó la caja en el banco y se puso la guerrera y la abotonó. Le quedaba ancha, pero no le importó.
Estaba maravillado, feliz. Recogió la caja y empezó a cortar el andén orgulloso, transportado. Evocó la imagen de Nabawiyya envuelta en su milaya y murmuró: "Si me viese ahora". Sí, a partir de ahora no me evitará ni me apartará la cara con desdén, y el Fino no tendrá motivo de qué presumir delante de mí. Aquí recordó que el Fino llevaba uniforme completo, no una simple guerrera. ¿Cómo conseguir los pantalones? Caviló un tiempo, luego echó una mirada de inteligencia a las cabezas de los prisioneros que asomaban por las ventanillas del tren. El deseo le jugaba en el corazón y le inquietaba el alma cuando casi la tenía satisfecha. Se lanzó al tren pregonando decidido: "Cigarrillos, cigarrillos. Un pantalón la cajetilla si no hay dinero. Un pantalón la cajetilla". Repitió el pregón por segunda y tercera vez. Temiendo que no comprendiesen lo que pretendía, señaló la guerrera que llevaba puesta y mostró una cajetilla. Su gesto produjo el efecto apetecido: un soldado no vaciló en quitarse la guerrera. El Buche corrió hacia él y le hizo gestos de que fuese despacio y le indicó los pantalones. El soldado se encogió de hombros desdeñoso, se quitó los pantalones y el cambio se completó. La mano del Buche se engarfió en los pantalones; casi volaba de gozo. Volvió al banco de antes y se puso los pantalones en un santiamén: estaba hecho todo un soldado italiano... ¿o le faltaba algo?... Era una auténtica pena que estos soldados no llevaran tarbús... ¡Pero llevan botas! Las botas le son indispensables para estar a la altura del Fino, que le amarga la vida. Cargó con la caja y se abalanzó al tren gritando: "Cigarrillos... un par de botas la cajetilla". Como la otra vez, se ayudaba de gestos... Pero antes de que diera con un cliente el tren hizo oír su pito; iba a arrancar. Se produjo una ola de agitación entre los centinelas. El manto de la sombra había cubierto los rincones de la estación; el pájaro de la noche planeaba en el espacio. El Buche se detuvo desconsolado, en los ojos una mirada de aflicción y rabia. Cuando el tren se puso en marcha le vio el centinela del vagón delantero y la exasperación apareció en su cara. Le gritó, primero en inglés, luego en italiano: "Sube ligero. Tú, preso, al tren". El Buche no entendió lo que decía y quiso consolarse remedándole, seguro de que no podía hacerle nada. El centinela gritó otra vez mientras el tren se alejaba lentamente: "Sube, te lo advierto, sube". El Buche apretó los labios desdeñoso y le volvió la espalda dispuesto a marcharse. El centinela crispó el puño que esgrimió amenazante, apuntó su fusil contra el inocente Buche y disparó. A la detonación, que atronó los oídos, sucedió un grito de dolor y de espanto. El cuerpo del Buche perdió el movimiento, la caja se le cayó de las manos y se desparramaron las cajetillas de cigarros y cerillas. Luego, la cara del Buche se mudó en la de un cuerpo exánime.

Odysseas Elytis

Odysseas Alepoudelis (Οδυσσέας Αλεπουδέλης, Heraklion, 2 de noviembre de 1911 - Atenas, 18 de marzo de 1996), conocido por su seudónimo Odysseas Elytis (en griego, Οδυσσέας Ελύτης), fue un poeta griego, Premio Nobel de Literatura en 1979, considerado como uno de los renovadores de la poesía griega a lo largo del siglo XX.

Eva
Te abandonas con ola en el silencio
Que asola mi habitada esperanza

Una antorcha al lado de la hoguera
Apuesta de los vientos nocturnos
Una marcha de sombra a la orilla de la Quimera
Una habitación
Habitación de hombres sencillos
Un misterio
Lavado y tendido en la mirada que deleita

En tu mirada o en la altura de su sol
Toda mi vida se vuelve una palabra
Todo el mundo tierra y agua
Y todas las llamas de mis dedos
Violan los labios del día
Cortan en los labios del día
Tu cabeza

Enfrentada a la soledad del sueño.
De "Orientaciones"
Ediciones del oriente y del mediterráneo 1996
Versión de Ramón Irigoyen