Otros mundos de ficción

Otros mundos de ficción
“Mi soledad es mía… tu soledad es de alguien más. Hecha por otra persona y entregada a ti. ¿No es eso interesante? Una soledad de segunda mano”.
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viernes, 20 de diciembre de 2019

Club de lectura. La isla.

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La editorial Minúscula poco a poco va ocupando un espacio nada minúsculo en mis estanterías. Especializada en rescatar libros pequeños en tamaño pero gigantes en contenido, joyas que pasarían desapercibidas y que envuelven en cuidadas y minúsculas ediciones.
La historia es engañosamente sencilla, con esa sencillez profunda de las grandes cosas de la vida
Un hombre enfermo pide a su hijo que abandone por unos días las montañas en las que pasa el verano y le acompañe, quizá por última vez, a la isla adriática en la que nació. El reencuentro en ese paisaje luminoso, teñido de recuerdos, resulta decisivo para ambos. Uno descubrirá lo que significa dejar descendencia; el otro afrontará el sentido de la pérdida. El estilo elegante y contenido de esta narración, publicada por primera vez en 1942, la convierte a juicio de muchos en la obra maestra de Giani Stuparich. La isla es, en palabras de Claudio Magris, «un relato admirable de vida y de muerte, no conjurada sino mirada sin piedad cara a cara».




miércoles, 15 de mayo de 2019

Club de lectura. Desgracia.


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Una novela cruda y terrible sobre personas que tienen que vivir en un mundo que no comprenden, sobre la desgracia y sobre la dignidad.
Este año se le ha concedido el Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa, un autor universalmente reconocido que no precisaba de este galardón para pasar a la posteridad.  Pero su caso no es la norma: la mayoría de los integrantes del palmarés de este mediático premio han sido olvidados con la misma celeridad con la que la Academia los sacó del anonimato.  Con una excepción: en 2003 poca gente había oído hablar de J. M. Coetzee y muchos menos le habían leído.  Se trataba de un autor minoritario, de un “escritor para escritores” que se hizo visible para el gran público gracias al Nobel y cuya figura, desde entonces, no ha dejado de crecer.  Al menos para mí, es uno de los mejores autores contemporáneos.
Mi primera lectura de Coetzee fue, precisamente, Desgracia, que ya había obtenido el Premio Booker en 1999.  Movido por la curiosidad habitual por el recién premiado, descubrí al que con el tiempo se ha convertido en uno de mis novelistas de cabecera.  Así que, en cierto sentido, a este libro le debía una reseña.
A pesar de no tener muchos motivos para sentirse orgulloso, David Lurie está satisfecho con la vida que lleva.  Su trabajo como profesor de comunicación en la Universidadde Ciudad del Cabo le llena tan poco como a sus alumnos, pero al menos le permite disfrutar de una posición acomodada y del respeto de la comunidad.  Hasta no hace mucho fue todo un seductor, pero ahora, con 52 años y dos divorcios a sus espaldas, es consciente de que ha llegado a un punto en que para disfrutar de compañía femenina del modo que a él le gusta (es decir, sexo sin complicaciones con chicas guapas, jóvenes y con clase) necesita “algo más” que su mirada.  Mientras pueda disponer de ese algo más –dinero, posición– no se queja, pero David siente como la vejez llama a su puerta y comienza a obsesionarse con aprovechar sus últimas oportunidades, con aferrarse a último rastro de virilidad y, de un modo torpe e impulsivo, se enreda en una relación con una alumna que termina en escándalo.
Aunque él sienta que todo ha terminado, la caída en desgracia de David Lurie está muy lejos de acabar.  Expulsado de la universidad y rechazado por todos, intenta refugiarse por un tiempo –hasta que amaine el temporal– en la granja de su hija Lucy.  Allí va a descubrir una Sudáfrica muy distinta de la que él ha conocido: un lugar donde de nada le valdrán su erudición o su cinismo, un lugar terrible donde un nuevo orden se está consolidando en medio de brutales conflictos raciales, un territorio implacable cuyas reglas trascienden lo meramente humano.
Ni siquiera enfrentándose juntos a las pruebas más terribles conseguirán padre e hija llegar a entenderse; él no puede comprender qué motivos puede tener ella para obcecarse en llevar esa vida tan dura y tan peligrosa, con tan pocas compensaciones.  ¿Por qué su hija, teniendo posibilidades de llevar una vida mejor, se aferra a esa miserable granja en medio del infierno?
“(…) No me ayudarán a mejorar de vida, en el sentido material ni en el espiritual.  ¿Y quieres saber por qué? Porque no existe esa vida mejor.  Ésta es la única vida posible, y la compartimos con los animales, por cierto.”
El sufrimiento de los animales –más aún, la dignidad de los animales– es un tema omnipresente en la obra de Coetzee, como también lo es la violencia sorda e ineludible de su país natal.  En cierto sentido, ambos son la misma cuestión.  ¿Qué misericordia pueden esperar los animales de hombres que se matan entre ellos por su raza, por su sexo o por simple placer?  ¿Cómo van a respetarse mutuamente las personas si son incapaces de tratar con dignidad a los animales que les alimentan?  El sufrimiento de los animales, el sufrimiento de las personas; el primer juego de espejos de Desgracia.
Los espejos de Coetzee, capaces de deformar a las personas hasta que las vemos tal y como son realmente, reflejan desde distintos ángulos la idea central de la novela, y de buena parte de la obra del escritor sudafricano: la caída en desgracia, el desvanecimiento del mundo seguro y cotidiano en el que vivimos para dejar paso a la jungla que espera agazapada tras los delgados muros que nos protegen.
Cae en desgracia David Lurie, el culto seductor destruido por la vejez –o por el presentimiento de esta– y condenado al ostracismo por los que consideraba sus compañeros.  Cae en desgracia su hija Lucy, la granjera blanca que ha perdido su lugar en un mundo en el que los conflictos raciales han volteado el orden social sin que pierda un ápice de injusticia y crueldad.  Cae en desgracia la propia Sudáfrica, un país rico que estaba llamado a liderar el despertar de África, ahogado por la violencia y la miseria.  Todos se aferraron a su propia idea, construida de espaldas a la realidad, de cómo se debe vivir la vida y ahora pagan por ello: por no ser capaz de renunciar a la juventud, por ser una mujer sola en un mundo de hombres, por los crímenes cometidos en el pasado en nombre del color de piel.
David, incapaz de comprender el nuevo orden del mundo, se refugia en su erudición, enfrascado en la redacción de un ensayo que a  nadie interesa sobre Byron y su decadencia.  A partir de ese momento, los fantasmas del poeta y de Teresa, su antigua amante, se pasean lastimosos por la Sudáfrica rural, lamentándose por sus respectivas caídas en desgracia: él ya no es el elegante seductor ni ella la hermosa joven que conquistó el corazón del poeta.
La intertextualidad es un arma poderosa en manos de Coetzee: Byron y Teresa unen sus voces a las de David, Lucy y el resto de personajes, acompañándoles en sus respectivos descensos a los infiernos, formando un coro que entona con voz profunda un lamento desolado y terrible, capaz de encoger el corazón del lector.  Pero la prosa austera y precisa de Coetzee, pulida hasta hacerla casi transparente, tan alejada del dramatismo como del morbo, permite al lector moverse entre la violencia más sórdida y cruel como si fuera un personaje más, viviendo el drama como propio y, por tanto, desdramatizándolo.  Como sucede con las tragedias de la vida real, cuando las padecemos en primera persona parecen menos terribles, ocupados como estamos en seguir adelante.
Imagino a Coetzee en su escritorio, repasando una y otra vez su manuscrito, tachando, eliminando todo lo superfluo, renunciando a cualquier recurso estilístico, destilando la historia en el alambique de su pluma hasta quedarse con el licor más puro, que también es el más fuerte.  Un sorbito de esta novela basta para hacer tambalearse al más fuerte, pero, superada la primera impresión –el fuego bajando por la garganta, la opresión en el estómago–, la sensación es reconfortante y el gusto en el paladar, agradable.
El autor consigue ofrecer un fiel retrato de la terrible realidad social y política de Sudáfrica, es cierto, pero lo hace sin separarse ni un milímetro de la piel de sus personajes.  Esto eleva Desgracia al nivel de obra universal, aplicable a cualquier persona, en cualquier país, en cualquier época.  Es una novela sobre personas que tienen que vivir en un mundo que no comprenden, luchando contra fuerzas que les superan.  ¿No es acaso en eso, precisamente, en lo que consiste la vida?
Así que no busquen un final feliz ni una moraleja edificante en Desgracia.  No busquen una lección.  Es una obra tan descarnada como la realidad; en la realidad no ganan los buenos, porque los buenos no existen.  Sin embargo, a pesar de haberla leído con un nudo en la garganta, ninguna de las dos veces me ha dejado un sabor amargo.  Como dice Lucy, “no existe una vida mejor”, pero los personajes de Coetzee, en algún recodo del camino, buscando esa vida, han encontrado su dignidad.  Y quizá eso sea lo máximo a lo que podemos aspirar.




miércoles, 27 de marzo de 2019

Desgracia. J.M. Coetze



Una vez en la librería Gandhi de la ciudad de México, Gabriel García Márquez me habló con mucho entusiasmo de la excelente calidad narrativa de J.M. Coetzee, quien acababa de ganar el Premio Nobel en 2003, lo que mostraba que el autor colombiano siempre estaba al tanto de la actualidad novelística mundial y tenía tiempo para seguir los pasos de sus sucesores en el magno reconocimiento literario mundial. Como su compatriota sudafricana Nadine Gordimer -quien se hallaba por esas fechas en México en el Congreso Internacional del Pen y le mandaba saludos al maestro a través mío-, Coetzee narra la desgracia de su país, anclado en la guerra y la violencia del Apartheid, que por esas fechas parecía sin solución alguna, tanto el odio entre las partes era profundo. A un lado estaban los negros encabezados por el luchador guerrillero Nelson Mandela, en la cárcel desde hacía décadas, y al otro el gobierno implacable y terco de los gamonales blancos y ojiazules que se negaban a un cambio profundo de la propiedad de la tierra y la ancestral discriminación racial de la plebe negra.  Los tres Premio Nobel de esa región, Coetzee, Gordimer y Doris Lessing, son blancos, pero a diferencia de los racistas terratenientes que dominaban al país y sumían a la población negra en la esclavitud y la discriminación, tratan de contar a través del género novelístico el drama nacional, profundizando en las entrañas de la violencia ciega y terrible, buscando las razones profundas de las acciones de los negros insurrectos, que no eran ningunas mansas palomas.  Por supuesto que los insurrectos negros sudafricanos cometían atrocidades, pero si lo hacían en la lucha contra el Apartheid era por razones profundas, históricas e ineludibles y la solución al problema no estaba en llenar las cárceles de rebeldes o los cementerios de cadáveres de guerrilleros, o de calificarlos de hijos del Infierno, sino de dar el paso hacia un gran cambio del país, lo que vendría después tras la liberación de Mandela y la llegada al poder de la plebe y la infame turba negra odiada por los hacendados blancos y ojiazules. [Texto: “Las desgracias de Coetzee” -26/04/2009- Autor:  Eduardo García Aguilar

Breve resumen:

A los cincuenta y dos años, David Lurie tiene poco de lo que enorgullecerse. Con dos divorcios a sus espaldas, apaciguar el deseo es su única aspiración; sus clases en la universidad son un mero trámite para él y para los estudiantes. Cuando se destapa su relación con una alumna, David, en un acto de soberbia, preferirá renunciar a su puesto antes que disculparse en público. Rechazado por todos, abandona Ciudad del Cabo y va a visitar la granja de su hija Lucy. Allí, en una sociedad donde los códigos de comportamiento, sean de blancos o de negros, han cambiado; donde el idioma es una herramienta viciada que no sirve a este mundo naciente, David verá hacerse añicos todas sus creencias en una tarde de violencia implacable  (http://www.randomhousemondadori.com)

Ficha:

  • Título original:  Disgrace (1999)
  • Idioma: Inglés
  • Traducción al castellano:  Editorial Mondadori y Circulo de Lectores (2000)
  • Traductor: Miguel Martínez- Lange
  • Premios: Premio Booker por Desgracia (1999) Nobel de Literatura (2003)
  • Cine: En 2008 la película fue lleva al cine con el mismo título que la novela, dirigida por Steve Jacobs.
  • Otras publicaciones de esta obra/ Otras obras traducidas:  Ver ISBN:http://www.mcu.es/webISBN

Tras leerlo:

A menudo nos encontramos en la vida con actos que no somos capaces de comprender. Cada sociedad y cada ser humano tiene su propio código. Si difícil es llegar a entender porqué una sociedad se comporta de una u otra manera, lo es también comprender a cada uno de los seres humanos que pueblan el planeta. Somos islas, cada uno con nuestras propias contradicciones y si nuestra intención es intentar sumergirnos un poco en el otro, lo primero que tendremos que hacer será abrir bien la mente. En este magistral libro no esperes respuestas, pero aunque no puedas entenderlo y te produzca rechazos varios, léelo. Te llevará a descolocarte, desconcertarte y, finalmente, a repensarte.
A pesar de que toda la novela transcurre en Sudáfrica, no lo percibimos al principio cuando el tono de la narración es la de David Laurie, el profesor blanco universitario de Ciudad del Cabo. Nada nos induce a pensar que no ha vivido ajeno al horror del apartheid, su vida parece cómoda, sin sobresaltos, una vez cubiertas sus necesidades básicas, y él las tiene cubiertas con creces; una cierta fama, un status y dinero. Su desencantado vagar cotidiano se enfoca, a la edad de cincuenta y dos años, hacia intentar cubrir sus necesidades sexuales. Desligado cualquier sentimiento amoroso hacia las mujeres que frecuenta, divorciado dos veces y frecuentador de prostitutas, llevado solo por el deseo, nada se interpone entre él y sus sucesivas presas. Hasta el día en el que comete un error y la sociedad en la que vive, no se lo perdona.
David Laurie intenta sentirse vivo ahora que empieza a ver que el final de la recta está cerca. Cuando ya el balance entre el debe y el haber de su vida le indica que le falta poco para hacer algo que le trascienda cuando ya no esté en este mundo (lleva años dando forma a una ópera sobre Byron). La sociedad, su país, implacable con el comportamiento del profesor le juzga y le castiga. El código moral en el que vive, esa comunidad de los rectos le exige un arrepentimiento, un claudicar de sus acciones, un espectáculo televisivo, pero él no se muestra dispuesto a hacerlo. Fiel a si mismo se impone frente a todos y no cede. La sociedad, su país no quiere viejos, Si los viejos montan a las jóvenes, ¿cuál es el futuro de la especie?….Suspira. Los jóvenes abrazados, inconscientes, atentos sólo a la música sensual. No es este un país para viejos.
Pero siempre puede haber algo peor. Nuestras vidas pueden verse alteradas de un instante a otro, el mundo está lleno de momentos atroces, de caídas memorables y de horror, mucho horror. Estar en un peldaño más cerca del infierno no significa que no nos quede cientos por delante. Solo hay que mirar alrededor para comprobar en qué situación vive tanta gente, ajena a nuestro mundo. Obligado a dejar su puesto universitario, decide marcharse de su ciudad y visitar a su hija Lucy, quien vive en una zona aislada y rural, manteniendo una granja. La hija hippie, que hace manualidades, trabaja la tierra, está rodeada de perros (estos animales tienen tanto protagonismo como el resto de personajes y se perfilan, en último término, ¿como los únicos merecedores de hacer aflorar el amor?) y  tiene relaciones con mujeres. Ha de haber un hueco en el sistema, un hueco para las mujeres y lo que les sucede. Su situación está rodeada de peligro y ella lo sabe. En cualquier momento la chispa puede saltar y de hecho salta.
Aparecen los negros. Aparece la sombra alargada del apartheid. Aparece la segregación, la discriminación, la humillación, aquel considerar a la raza negra inferior. Aparece todo aquel odio escondido a la fuerza, taponado con cientos de golpes que lo han llevado a tener una tan alta condensación que, cuando se ha abierto tras la abolición del apartheid, ha surgido con una fuerza atronadora, con una fuerza destructora y violenta que reclama su lugar y no siempre de forma amable. Son nuevos tiempos, ahora el poder ya no está exclusivamente en la mano de los blancos y ellos reclaman su lugar. Petrus, el negro. Para David son unos desconocidos, a los que no logra entender. Las coordenadas son otras, también el idioma parece incapaz de transmitir las nuevas realidades, el inglés es insuficiente para narrar a la nueva Sudáfrica.
Como en cualquiera de los conflictos bélicos que en la actualidad perviven en el mundo, se perpetra una violación. La mujer como una de las torres que se quieren conquistar para derrotar al enemigo. El cuerpo de la mujer como arma de guerra. La primera conquista la mujer, la segunda conquista la tierra (el que posee siempre está en riesgo). Da igual que sean negros o blancos, la violencia se ejercerá, la situación se perpetuará y nada cambiará es lo que parece decir en su desolador mensaje esta novela.  Vuelve el mismo silencio cómplice con lo ocurrido, el mismo ocultar los hechos y bajar la cabeza, dejar que pasen, dejar que se mantenga para que el circulo de la venganza se cierre y para poder sobrevivir: adaptarse o huir no hay otro camino. El campo va llegando a las puertas de la ciudad, pronto habrá ganado paciendo otra vez por el parque de Rondebosch, pronto la historia habrá trazado otra vez un círculo completo. El padre viejo, la mujer lesbiana, el ambiguo negro, cada uno de ellos en su particular isla.
Una buena persona. No es una mala resolución que tomar y menos en tiempos tan oscuros.

Sobre el  autor:

Nacido en Ciudad del Cabo, Sudáfrica (1940) y  nacionalizado australiano, país donde reside actualmente. Pasó su infancia y su primera etapa formativa entre Ciudad del Cabo y Worcester, además de en la provincia de El Cabo. Se licenció en matemáticas e inglés en la Universidad de Ciudad de El Cabo. A comienzos de los años 60 se desplazó a Londres, donde trabajó durante algún tiempo como programador informático. Dejó constancia de esta etapa de su vida en su novela ‘Juventud’ (2002). Más tarde realizó estudios de postgrado en literatura en la Universidad de Texas, tras lo que dio clases de lengua y literatura inglesas en la Universidad de Búfalo (EE UU) hasta 1983. En 1984 volvió a Sudáfrica a ocupar una cátedra en Literatura inglesa en la Universidad de Ciudad de El Cabo, donde ejerció la docencia hasta su retiro en el año 2002. Durante 1989 estuvo en Estados Unidos como profesor visitante de la Universidad Johns Hopkins. En la actualidad desempeña funciones de investigador en el Departamento de inglés de la Universidad de Adelaida (Australia). Coincidiendo con la Semana Literaria de Adelaida en Marzo de 2006, Coetzee recibió la nacionalidad Australiana, sin que ello según él le aleje de Sudáfrica, su lugar de nacimiento y donde transcurre gran parte de su obra. Fue el primer escritor galardonado en dos ocasiones con el Premio Booker (el más prestigioso de la literatura en lengua inglesa), por sus obras ‘Vida y época de Michael K.’ (1983), la historia de un superviviente de la guerra civil sudafricana, y ‘Desgracia’ (1999), que trata acerca de un profesor de literatura marginado del mundo por acoso sexual. En 2003 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose así en el cuarto africano que lo recibe. Además de novelas, también ha publicado numerosas críticas literarias y diversas traducciones. En sus obras, marcadas por un estilo simbólico y metafórico, cuestiona el régimen del apartheid y cualquier tipo de racismo, y explora sus negativas consecuencias en el hombre y en la sociedad. (Fuente: Casa Africa, Wikipedia y Nobelprize)


Fuente: https://literafrica.wordpress.com/2013/08/01/desgracia-j-m-coetzee/







domingo, 11 de noviembre de 2018

Yo, Julia



 Yo, Julia de Santiago Posteguillo

Solo una mujer puede forjar una dinastía
192 d.C. Varios hombres luchan por un imperio, pero Julia, hija de reyes, madre de césares y esposa de emperador, piensa en algo más grande: una dinastía. Roma está bajo el control de Cómodo, un emperador loco. El Senado se conjura para terminar con el tirano y los gobernadores militares más poderosos podrían dar un golpe de Estado: Albino en Britania, Severo en el Danubio o Nigro en Siria. Cómodo retiene a sus esposas para evitar su rebelión y Julia, la mujer de Severo, se convierte así en rehén.
De pronto, Roma arde. Un incendio asola la ciudad. ¿Es un desastre o una oportunidad? Cinco hombres se disponen a luchar a muerte por el poder. Creen que la partida está a punto de empezar. Pero para Julia la partida ya ha empezado. Sabe que solo una mujer puede forjar una dinastía.
Yo, Julia es una novela histórica ambientada en Roma, presentada al Premio Planeta como El ascenso y bajo el seudónimo de James Sussex. 
Santiago Posteguillo Gómez (Valencia, 1967) es un escritor español. Ha alcanzado la fama por varias novelas cuya trama transcurre en la antigua Roma. El 16 de octubre de 2018 fue galardonado con el Premio Planeta con su novela Yo, Julia

lunes, 14 de mayo de 2018

In vino veritas. Virginia Gassull


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Un thriller cautivador donde nada es lo que parece.
Una novela con cuerpo, paladar, aroma y color que embriaga los sentidos.

Imagen relacionada

Fotógrafa, diseñadora gráfica y escritora española, Virginia Gasull es conocida en el ámbito literario gracias a su primera novela, publicada en 2014, In vino veritas, que pasó de la autoedición a la publicación por Suma de Letras.

El vino es portador de una verdad desconocida

La inspectora Anne Oteiza es llamada a averiguar el robo de varias botellas de vino con etiquetas diseñadas por Dalí, Chagall y Picasso.
Su investigación la llevará a Francia, y en el curso de sus pesquisas conocerá a un experto enólogo que la introducirá en el mundo de los vinos y con el que tendrá una historia de amor.

Durante una estancia en San Sebastián se vuelve a producir otro robo de vinos. Anne investiga y se empieza a preguntar sobre el rol de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial en la ocultación de botellas de vino.


domingo, 6 de mayo de 2018

La vida de las mujeres.

"La vida de las mujeres" Alice Munro.

El lugar elegido para la tertulia literaria del Club de Lectura no ha podido ser más apropiado. Este hotel, el Reina Victoria, y el salón de los espejos, que permanece con su estilo victoriano y decadente que nos traslada en el tiempo a aquellos días que el poeta checo Rainer María Rilke pasó en Ronda, entre diciembre de 1912 y febrero de 1913. Compartir un café, unos dulces y lo que hemos leído entre líneas, lo que nos ha sugerido y lo que hemos sentido con la lectura de este libro de la autora canadiense, ha sido un placer para los que disfrutamos tanto de la literatura. 

La vida de las mujeres


martes, 13 de febrero de 2018

La vida de las mujeres




La vida de las mujeres

 Alice Munro, de nacimiento Alice Ann Laidlaw (Wingham, Ontario, 10 de julio de 1931), es una cuentista canadiense. Está considerada como una de las escritoras actuales más destacadas en lengua inglesa. En 2013 le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura.
LUMEN, Octubre 2012
Esta deliciosa novela, autobiográfica en la forma, pero no en los contenidos, muestra toda la maestría y el peculiar modo de ver la realidad de esta gran figura de las letras contemporáneas.
La vida de la gente, en Jubilee como en todas partes, era aburrida, simple, asombrosa e insondable... cuevas profundas cubiertas de linóleo de cocina.

Bastan estas pocas palabras para reconocer el talento de una espléndida narradora y colarse en la vida de Del Jordan, una chiquilla que vive con sus padres en el pueblo de Jubilee.

Del empieza contando su día a día, su relación con la familia, los vecinos y los amigos, y pronto descubrimos que esa niña sabe observar el mundo y sacar buen provecho de lo que ve: compadece la poquedad del padre, admira el arrojo de la madre, que deja la granja para dedicarse a vender enciclopedias por los alrededores, y comprende que tarde o temprano llega el momento en que hay que elegir entre una risueña mediocridad -hogar, iglesia, matrimonio, hijos- y otras opciones más interesantes y arriesgadas. Ese descubrimiento es también el de la vocación literaria, una suerte de llamada, de deber para con el mundo.

“La vida de las mujeres” escrito en 1971, lo podemos considerar una novela, o, hablando con propiedad un ciclo de relatos cortos, no exactamente continuos entre sí, pero que conforman una novela en su conjunto, muy a la manera del “Winesburg, Ohio” de Sherwood Anderson.


Anderson usaba cada uno de los relatos de los personajes de las vidas de Winesburg como un microuniverso para extrapolarlo a la sociedad norteamericana; Munro, en cambio, usa cada una de las narraciones como partes en las que divide la evolución, la formación del personaje principal, la narradora Del Jordan en un pueblo del sur de Canadá: Jubilee; en efecto, nos encontramos con un Bildungsroman que, al final, no solo será de formación como persona, sino de formación como artista, esto es, una escritora.


miércoles, 17 de enero de 2018

Noticia bomba

Noticia bomba: 

No ha resultado ser una buena noticia. Ha costado trabajo pasar de la página veinte, por decir de alguna manera que no se sabe muy bien de qué va la historia hasta más allá de la mitad del libro y, aunque al final resulta de interés, no está muy clara la intención del autor... Debe ser por el humor inglés...
¡Noticia bomba!, celebrada como una de las grandes novelas de humor del siglo XX, es también la obra cumbre, en este registro, de Evelyn Waugh, el autor de otras piezas memorables, como Retorno a Brideshead, Decadencia y caída, Cuerpos viles, Merienda de negros o Los seres queridos. Lord Copper, un magnate de la prensa de Fleet Street, se enorgullece de su olfato para descubrir talentosos reporteros. Sin embargo, a causa de una confusión de apellidos, envía a «cubrir» la guerra civil en una república africana a uno de los periodistas más improbables para tal misión. A partir de ese equívoco, Evelyn Waugh se lanza a una feroz y desopilante sátira sobre el mundo del periodismo, los enviados especiales, la información, la desinformación y la confusión...



lunes, 13 de febrero de 2017

Años Lentos. Fernando Aramburu


Club de Lectura del Instituto "Pérez de Guzmán"


"Años lentos"Fernando Aramburu
Premio Tusquets de Novela. Tusquets. Barcelona, 2012.

Vuelve Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) con una obra mayor. Si en su primera novela, Fuegos con limón (1996), el autor transformaba narrativamente sus años juveniles de rebeldía estética al amparo del grupo vanguardista CLOC, y en su último relato largo, Viaje con Clara por Alemania (2010), rendía cuentas de sus muchos años de vida en el país germano, con Años lentos retrocede a su infancia donostiarra, a un ámbito en el que se fraguan los primeros movimientos independentistas, los primeros atentados y la represión policial subsiguiente; al germen, en suma, de la sociedad vasca reflejada en los extraordinarios cuentos de Los peces de la amargura (2006). Y lo hace con una obra compleja por sus múltiples implicaciones, pero técnicamente resuelta con una ejemplar y nítida simplicidad. 

Hay un relato que podemos llamar principal, a cargo del navarro Txiki Mendioroz, en el que éste, a requerimiento de Fernando Aramburu, le escribe una larga carta que resume su infancia desde que, a los ocho años, su madre, incapaz de atender a sus tres hijos, lo envió a vivir con la familia de su hermana en San Sebastián. Se trata del modelo clásico fundado por Lázaro de Tormes, repetido en el Buscón quevedesco y cuya fecundidad alcanza a La familia de Pascual Duarte, de Cela: la carta en la que se narra la propia vida a petición de otra persona. De hecho, algunas marcas del origen permanecen visibles. Si Lázaro comenzaba su identificación con fórmulas apelativas (“pues sepa V. M. ante todas cosas que a mí llaman…”), del narrador de Años lentos son estas primeras palabras: “Yo, señor Aramburu, por las razones que usted conoce, siendo niño pasé nueve años…”. Y más aún: Lázaro de Tormes concluye el tratado cuarto de su relato eludiendo explicar con claridad por qué abandonó el servicio del fraile de la Merced: “Y por esto y por otras cosillas que no digo, salí dél”. Y Txiki, con fraseología similar, afirma: “Por eso, y por otras cosillas que no hacen al caso, a mí […] no me gusta mucho la literatura” (p. 98). 

Por otra parte, y como no es infrecuente en la escritura de Aramburu, algunos leves ecos de la prosa clásica y de la narración oral se deslizan a veces por sus páginas, como las fórmulas con que se inicia el relato de algo anunciado: “Y fue de esta manera: que algunos de ellos…” (p. 37). O bien: “Me confesó el propósito principal de aquella visita […] Y fue de esta manera: que mi madre…” (p. 64); “y fue de este modo: que entrando mi tía una mañana…” (p. 192). De todos modos, este esquema narrativo de estirpe clásica se ve alterado porque cada episodio del relato que Mendioroz dirige a Aramburu -subrayado por la presencia de frecuentes fórmulas apelativas (“créame”, “le pido por favor a usted”, “ya sabe usted”), etc.- va seguido de fragmentos numerados y en otro tipo de letra, rotulados como “apuntes”, en los que el autor empírico -es decir, Fernando Aramburu- anota posibles desarrollos para una novela que, aun basada en las líneas de Mendioroz, introduce elementos diferentes: retratos de personajes, escenas posibles, descripciones de lugares y otros aspectos que no figuran en el relato principal. 

Son notas escuetas que consignan observaciones sobre la posible redacción definitiva del futuro texto, incluso referidos a detalles léxicos o gramaticales: [“Txomin] es parlanchín, simpático (mostrar esta cualidad con algún ejemplo)” (p. 21); “Maripuy no aguanta un segundo más el rescoldo que le quema (cuidado, leísmo, la quema) por dentro” (p. 23); “si quieres me puedes pagar en especie. (Esta expresión tal vez sea demasiado rebuscada para esta clase de personaje. Pensar en otra de menor relieve literario” (p. 22). Hay muchos más casos de estas reflexiones del autor -artificio inventado por Cervantes, como es bien sabido- acerca de su futura obra. 

Con todo ello, la novela abarca varias historias diferentes y, a la vez, imbricadas. La primera es la constituida por la extensa carta de Mendioroz, que convencionalmente podemos clasificar como relato histórico y atenido a la veracidad de los hechos expuestos -aunque incompletos y captados por una perspectiva infantil-, lo que el mismo remitente se encarga de puntualizar: “Le escribo esto antes de entrar en materia para que se fíe usted de mí, señor Aramburu, pues nada de lo que pienso referirle a continuación es inventado” (pp. 97-98). La segunda historia se desprende por fuerza de los apuntes con que Aramburu va festoneando la carta: escenas, diálogos y detalles en los que se busca más la verosimilitud y la coherencia interna entre los hechos que la veracidad, por lo que incluso se rechazan datos auténticos (“me niego a meter pacotilla histórica con propósitos meramente ornamentales”, p. 163) y se opta claramente por una solución que es también un principio programático: “Si hay que apartarse del testimonio del informante, se hará. Primero la literatura; después, si queda sitio, la verdad” (p. 181). 

Los dos relatos paralelos y complementarios representan, por tanto, la historia y la ficción, y muestran cómo ésta brota de aquélla para desbordarla, enriquecerla, ampliarla, como sucedió, en efecto, en los comienzos del género novelesco, cuya sustancia se formó acogiendo los materiales desechados por la historia -leyendas, milagros, narraciones fabulosas, hechos no comprobados- que no podían superar la prueba de la veracidad. Las dos líneas llevan aquí a la incorporación de dos desenlaces: por una parte, el que refiere -tras dejar en penumbra el enigma de la muerte de Julia- la inesperada herencia que recibe Mendioroz y que le permite encauzar su vida; por otra, el de Aramburu, que apunta en pocas líneas un detalle, un recuerdo infantil que convierte la novela en una especie de expiación: “Me gustaría pedirle perdón, pero no vive […] y ya sólo por dicho motivo debería escribir la novela”(p. 203). 

Pero, además, junto a los relatos del remitente y el receptor de la carta hay otro posible, que es el que puede construir el propio lector fundiendo los datos de ambos y que incluye la historia global de una familia modesta que vive en las afueras de San Sebastián durante los años cincuenta del pasado siglo y que padece, entre otras adversidades, el embarazo prematuro de la hija adolescente y la huida de un hijo a Francia para evitar su captura por mezclarse con activistas de ETA. Como subrayó Pontecorvo en su adaptación cinematográfica de Operación Ogro, también aquí es un cura inflexible y montaraz el encargado de inocular en los jóvenes desnortados las ideas independentistas acerca de un país inexistente. Todo lo referido al terrorismo y a la represión policial está visto como de refilón, de acuerdo con la perspectiva de un narrador infantil, pero no por ello deja de ser eficaz, y permite que la historia se expanda hacia otros motivos, como la soledad y la miseria del refugiado Julen en Francia o el rechazo de los vecinos ante la familia de éste por suponerlo un chivato, alineándose de este modo implícitamente en el ideario independentista. 

Años lentos es una novela importante por su audaz y madura construcción, que permite recrear un mundo mixto de ficción y verdad indispensable para entender un tiempo y un país que, como proclamaba Raimon por aquellos años, son también nuestros. De igual modo que antes lo hizo Baroja, escritores como Ramiro Pinilla o este pujante Fernando Aramburu han contribuido decisivamente en estos pasados lustros a fijar la imagen artística de un rincón español excesivamente zarandeado por el vendaval de la historia. 

martes, 10 de enero de 2017

Relatos de lo inesperado. Roald Dahl



'Relatos de lo Inesperado' es una antología de relatos que incluye 16 historias a cual más intrigante, llena de humor negro y rebosante de una prosa minuciosa y efectiva. Unas historias que sobretodo, hablan de la maldad del ser humano. Explota sus miserias con una ironía que resulta aún más adecuada que si Dahl se hubiese limitado simplemente a recrearse en la melancolía. Para ello, pone como escenarios principales las apuestas, la venganza, los rencores, la avaricia y la perversidad en general. Matrimonios que se guardan un rencor escondido pero tremendo, personajes cotidianos a los que le pierde su ambición de controlar más de lo que pueden, auténticos psicópatas que al principio no se sabe que lo son... y multitud de circunstancias que conforman una experiencia inolvidable para el lector.





jueves, 5 de mayo de 2016

Caribou Island. David Vann



Después del formidable debut de David Vann con Sukkwan Island, el anuncio de una nueva novela titulada Caribou Island, igualmente ambientada en el áspero paisaje de Alaska, en la que de nuevo se contaba la lucha inclemente de un hombre en torpe y obcecada lucha contra sí mismo y contra la Naturaleza, producía cierta prevención ante la posibilidad de que Vann se hubiera enrocado en una especie de guarida literaria, un "más de lo mismo". Pues desechemos la prevención: el señor Vann ha demostrado con este nuevo libro que es un escritor de la cabeza a los pies.
En efecto: Gary es un hombre que ha conseguido frustrarse a lo largo de su vida y concibe la loca idea de irse a vivir a una isla en un lago con su mujer en una especie de regreso al origen para borrarlo todo y empezar de nuevo. En la novela anterior, el mismo asunto se cocía entre un padre y su hijo adolescente; esta vez el campo se abre: es un matrimonio el que se embarca en la absurda aventura, pero hay una serie de personajes que contemplan el dislate desde la orilla del lago, por así decirlo. Tienen dos adultos, Rhoda y Mark, que viven en una población cercana al lago sus propias vidas. Vann enfoca con igual atención a Rhoda que a su madre, estableciendo una soberbia relación entre las dos, uno de los grandes aciertos del libro, mientras Mark y su esposa dan cobijo a una segunda pareja, Carl y Monique, cerrando un conjunto de caracteres perfectamente eslabonados y medidos dentro de una intriga dramática que sobrecoge por su dureza, su desnudez y su penetración psicológica.

martes, 8 de marzo de 2016

Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer



Club de lectura 

Sinopsis

Foster Wallace elabora en Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer una postal gigantesca basada en su experiencia en un crucero de lujo por el Caribe. Lo que a primera vista parece ser un simple viaje «para relajarse», en manos de un humor delirante y un cinismo corrosivo acabará convirtiéndose en el horror más absoluto. Este artículo es una de las radiografías más agudas e irreverentes de la cultura americana de fin de siglo, en la que se entremezclan la familiaridad, el asombro y una mordacidad descabellada.

La crítica ha dicho...
«La obra de no ficción más brillante y divertida que se ha escrito en los últimos años.»
John Glassie, Time Out New York

«Animado por una prosa maravillosamente exuberante [...] este volumen confirma al señor Wallace como uno de los talentos más destacados de su generación.»
The New York Times

«Wallace escribe con una intensidad que transforma un reportaje errático en una forma sui generis de filosofía.»
Kirkus Reviews

«Su instinto para reproducir lo coloquial avergonzaría a maestros como Pynchon y DeLillo, y la sobriedad humana que confiere a sus temas, de ficción o de no ficción, deberían ser un modelo para cualquiera que escriba crítica cultural, tanto en la forma de relatos como en ensayos como estos.»
Publishers Weekly



David Foster Wallace nació en una familia de profesores universitarios (él de filosofía, ella de inglés) en Ithaca, Nueva York, en febrero de 1962. Tras una adolescencia entregada al tenis —tema presente en ensayos y ficciones—, se licenciaría summa cum laude en inglés y filosofía. A su suicidio en 2008 —habiendo publicado dos novelas, varios libros de ensayo y periodismo, y tres colecciones de relatos— ya se había convertido en el autor que cerraba la historia del siglo XX. Un siglo de literatura que comenzaría con la transgresión de los modernistas y la obsesión por romper con el siglo XIX. Un siglo para el cual la historia de la literatura acabaría convirtiéndose en la Historia de las formas de contar historias, en donde tanto críticos como autores parecieron especialmente interesados en el aspecto formal del relato. O en palabras del propio Wallace: “todas las Novelas Serias después de Joyce suelen ser valoradas y estudiadas principalmente por su grado de innovación formal”. Aunque, en verdad, aquellos a los que conocemos como grandes maestros del siglo XX, ¿no se caracterizaban precisamente por su ruptura con el siglo anterior? Curiosamente, sobre los fantasmas de James Joyce, Samuel Beckett, Georges Perec, Gerturde Stein, Jorge Luis Borges, Virginia Woolf, Franz Kafka, Marcel Proust, Julio Cortázar, William Burroughs, Italo Calvino, John Maxwell Coetzee… siempre sobrevuela una idea más o menos vaga que gira en torno a la experimentación y ruptura. De modo que, independientemente de cómo lo queramos leer, hay que pensar en términos individuales. Fuera el canon.

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